“Cada año eligen a veinticuatro. Ninguno vuelve. Este año, me eligieron a mí. Y yo no pienso desaparecer.”
Valeria Sombra tiene diecisiete años, vive en el Nivel Cinco —el más bajo, el más olvidado— y nunca creyó que su nombre saldría en la Selección. El Protocolo Ceniza es lo que el Estado Mayor llama «un honor». Los que viven en los Niveles altos lo celebran con banquetes. Los que viven abajo saben la verdad: es una sentencia.
Cada año, veinticuatro jóvenes de entre quince y diecinueve años son seleccionados para servir al Estado Mayor bajo circunstancias que nadie tiene permitido cuestionar. Nadie sabe qué ocurre dentro del Complejo. Nadie regresa para contarlo. Las familias reciben una carta. Las cámaras capturan una sonrisa. Y después, silencio.
Pero Valeria no es como los otros seleccionados. Donde ellos ven pruebas, ella ve patrones. Donde ellos obedecen, ella pregunta. Y cuando descubre que los seleccionados de años anteriores no están muertos —sino algo mucho peor—, entiende que la única forma de sobrevivir es hacer lo que el sistema jamás anticipó: recordar.